lunes, 7 de septiembre de 2009

Capitulo 7: Sadismo e igualdad

Ya habían pasado varios días, el trabajo de investigación ya lo había entregado y aprobado. Así que las vacaciones comenzaban para él. Pero esa felicidad acabó al mirar la fecha en el almanaque...10 de noviembre. De nuevo volvía a ser ese que nunca quiso ser.

Pero aún el día era joven, se levantó de la cama y comenzó a cambiarse para salir a correr. Mientras acomodaba las tiras del calzado, pensaba en lo que pasaría. Eso lo atemorizaba. No quería pensar en ello y por eso salió a hurtadillas de la casa.

En el parque corría con la capucha puesta... tenía ganas de abandonarlo todo, dejar todo atrás. Ese era su cable a tierra, la forma de evadirse de las preocupaciones. Volvió a la casa a ducharse, en la intimidad del baño recordaba a Celsia...

Esos pechos voluptuosos, sedosos y tan blandos que se hacían una delicia tocar. Sus labios abundantes y calientes que devoraron su boca con un frenesí inimaginable. Esas manos cuidadas lo recorrieron casi por completo... Celsia...

Cuando salió del baño, bajó ya cambiado al comedor y dejó una nota: Me voy a lo de unos amigos, vuelvo mañana. Tomó el estuche y comenzó a caminar... nuevamente los demonios saldrían de paseo. Ahora era el portador de algo maldito, el estuche parecía pesarle más que nunca.

Iba contra su naturaleza, contra lo socialmente aceptado. Pero, en eso era el mejor con su espada. La mirada comenzó a cambiar, nuevamente esos ojos de tonalidad oscura aparecieron y la sonrisa comenzó a aflorar... ahora podía caminar hacia el punto de encuentro...

Las horas pasaron rápido, el cielo ya estaba comenzando a oscurecerse. En el estadio de fútbol un muchacho de sonrisa maliciosa esperaba por su cita. Una figura apareció caminando hacia el lugar. Cuando la reconoció... volvió a ser ese muchacho llamado Leonardo. La mujer lo miraba con algo de incredulidad, luego le habló:

- ¿Eres tú, Leonardo?

- ¿Eloisa?- Preguntó él.

- Si, la misma que viste y calza; niño- Respondió ella con orgullo.

- Tiempo sin verte- Dijo él.

- Es cierto, pensé que no volvería a verte. Esto es genial- Dijo ella con ánimo.

- Bien, ahora ¿Hacia donde vamos?- Inquirió él.

- A mi auto, tenemos que hacer- Dijo ella.

Los dos subieron al vehículo, que desapreció como un bólido en las calles de la ciudad nocturna. Aparcaron en un estacionamiento, pero no bajaron del auto... desde ese lugar alto podrían ultimar al sujeto.

Ella miró al muchacho con detenimiento, estaba muy tranquilo con respecto a la última vez que lo vio. Actuaba muy natural, ya se estaba acostumbrando a ese tipo de vida. Le acercó una barra de cereales que él aceptó. Luego de un pequeño silencio Eloisa le habló:

- Te noto más afianzado, Leonardo.

- Si, creo que poco a poco me voy acostumbrando. Aunque hay cosas que no me gustan mucho- Respondió él.

- Si, a veces debemos ser muy crueles- Dijo ella, con algo de pesar.

- Si, me pasa que casi no puedo reconocerme a mi mismo- Confió él.

- Nos pasa a todos, a mi también me pasaba al comienzo. Reconoció ella.

Salieron del auto. Ella abrió con unas ganzúas la puerta del cuarto de limpieza y ambos penetraron en el. Se sentaron uno frente al otro con sus armas a mano. Ella lo miro a los ojos con una gran intensidad.

Las miradas no se apartaban un segundo, ella no cejaba en su empeño... quiso entrar dentro de esos ojos, pero lo que vio la espantó. Bajó la mirada, vencida y sonriendo le habló:

- Veo que has cambiado más de lo que pensaba.

- ¿Tu lo crees?- Preguntó él sorprendido ante la afirmación.

- Si, tu mirada es algo más oscura que la vez que nos conocimos. Es natural, luego de ver las cosas que nosotros vemos en primera persona- Dijo ella, con calma.

- Es cierto, a veces se me hace difícil conciliar el sueño- Le comentó él.

- Sientes como esas personas vuelven a ti, reclamándote; atormentándote. Pero así es nuestro trabajo- Dijo ella.

- Si ¿Ahora que haremos?- Preguntó él.

- Esperar, a las cinco de la madrugada nuestro blanco vendrá a realizar una transacción por armas para un atentado. Esa es nuestra oportunidad- Dijo ella.

- Bien, en ese momento atacaremos- Afirmó él.

Las horas pasaban lentamente, los sonidos seguían apagados pero poco a poco iban haciéndose mayores. Eloisa miró por una hendija de la puerta hacia fuera. Aún no llegaba el blanco. Era preocupante, un ruido le alertó... habían sido traicionados, apenas pudieron reaccionar a tirarse al suelo. Una ráfaga de sub ametralladora penetró como nada las paredes del cuarto. Reptaron hacia la puerta, oyeron un paso... alguien estaba ahí. Él miró a su acompañante, entonces su cara cambio. Nuevamente esa mirada oscura junto a esa sonrisa maligna floreció.

- Mugen Ryu Shishin Ken. Fue el murmullo que salió de atrás de la puerta.

La madera estalló con la estocada a la que le siguió un corte combinado con giro. El sujeto cayó de bruces; mientras sus sesos volaban hacia el lado contrario. Los otros dos hombres dispararon. Mientras ese sujeto evadía los disparos con una velocidad pocas veces vista.

En un momento dado desapareció del campo visual... uno de los sujetos cayó con la espina atravesada por la espada. El que quedaba le apuntó tembloroso, pero un disparo lo silenció. Eloisa le sonreía, mientras sacaba su celular... en unos minutos ya tenía nuevos datos. Se acercó al muchacho y le dijo:

- Alguien filtró datos, cambio de planes... tendremos que ir hasta el hotel.

- Como digas, preciosa- Respondió él.

Subieron al auto, saliendo del estacionamiento. Ella no hablaba, pero su ceño fruncido lo decía todo. Llegaron hasta un hotel muy lujoso cerca de las afueras de la ciudad, pasaron de largo... habían al menos diez hombres custodiando el lugar.

Los arbustos altos que formaban el cerco para el hotel estaban con alambre tejido desde el interior. Así que no sería posible entrar más que por adelante... al menos eso pensaba Eloisa. Se detuvieron un poco mas lejos, Leonardo le habló:

- Bien, entremos por detrás. Puedo hacer una abertura y luego iremos por ese desgraciado.

- ¿Puedes hacerlo?- Preguntó ella incrédula.

- Soy el mejor con mi arma- Respondió él con confianza.

Se acercaron con sigilo hasta la parte trasera, ella le iba poniendo el silenciador a su arma. Un guardia apareció, un pequeño sonido y el guardia cayó al suelo desarticulado; la bala en el pecho lo dejó fuera de este mundo.

Él se agachó por unos momentos y desenvainando realizó un corte en semicírculo. El pasto cayó, mientras la malla se rompía. Pasaron y se apiñaron contra el edificio, iban pegados a la pared; buscando evitar a los demás custodios. Una puerta lateral les dio el escape justo. Entraron a la lavandería, redujeron a las dos empleadas y atándolas en un lugar apartado les proporcionaron un alucinógeno dejándolas sedadas.

Tomaron las ropas para disfrazarse, salieron con las prendas limpias. Entraron con sendos canastos de ropa en los que llevaban ocultas sus armas, pero mientras tardaban... otras cosas ocurrían en el último piso.

Un hombre rubio de cabellos cortos y corta barba se encontraba engrillado a la pared. Mientras una mujer muy joven ciñendo solo su ropa interior y empuñando un látigo le decía:

- ¿Que pasa imbecil? ¿No te gusta lo que te hago?

- Sigue querida Fraulen. No te detengas- Pidió el hombre.

- Como digas, padre- Dijo ella mientras esbozaba una sonrisa

Los latigazos comenzaron a dar contra el pecho del hombre, abriendo heridas que no tardaron en multiplicarse. El tipo gritaba y gemía de excitación, y ella se contoneaba enloquecida... su entrepierna estaba empapada de su propio flujo. Cuando cesó con los latigazos. Pudo ver como ese hombre ensangrentado le pedía mas... ella se sonrío y le dijo:

- Te regalare mas dolor, padre.

- Siiiiiiii...mas, mas por favor- Pidió el alemán.

Ella saco un par de cuchillas muy pequeñas, se acercó al extranjero y mientras lamía la sangre que brotaba de sus múltiples heridas le informó:

- Esto va a dolerte un poco, es algo nuevo.

- Adelante, querida fraulen- Le dijo el sujeto.

La chica tomó la mano de él y luego le ensartó uno de los pequeños cuchillos debajo de la uña. El grito conmovió el edificio hasta sus cimientos, era algo muy doloroso. Sin embargo él quería más. Un nuevo dedo, la hoja se entero entre sus carnes y la uña... otro dedo mas, otra hojilla... así, uno a uno los dedos del magnate Krauser Von Rudolph eran lastimados de forma sadistica.

El sudor y la sangre del sujeto se mezclaban con el perfume de la hija y dominatriz. La chica se sentó ante su padre y comenzó a masturbarse... no tardo mucho en correrse por la excitación que tenía al lastimar y destrozar a su propio progenitor. Sacó un control de su traje y tomándolo en sus manos, luego le dijo a su padre:

- Puedes elegir, ¿quieres más dolor o deseas tomarte mi suciedad?

- Quiero lamer tus jugos, suéltame por favor- Dijo el hombre.

El dedo de ella presionó el control que liberó los grillos. Krauser cayó al suelo cuan largo era. Con el golpe, el sujeto comenzó a arrastrarse, mientras con su lengua lamía del suelo alfombrado los fluidos vaginales que derramó su hija. La rubia se paro, mientras observaba el espectáculo. Cuando el quiso lamer sus pies, ella lo pateó y comenzó a restregar su taco sobre el cráneo del hombre. Con voz autoritaria le dijo:

- No te lo he ordenado, bestia.

- Perdón, perdón fraulen- Gimió él.

La escena fue interrumpida ante dos gritos ahogados y el que la puerta cayera partida en dos limpios pedazos. Los dos se quedaron sin entender mucho. Un hombre de cabellos oscuros y una sonrisa tan maléfica y fría que los hizo temblar como chiquillos los miró con esa oscuridad que tenía por mirada mientras avanzaba hacia ellos.

Desenvainó esa espada, el acero se presentó con sutileza ante esos ojos temerosos. Un grito de horror que se ahogo fue todo lo que alcanzó a salir de la habitación. La sangre de ambos comenzó a derrengarse sobre el piso de la habitación. Leonardo escupió al piso, asqueado. Luego salió de la habitación, le sonrió a su compañera mientras de un golpe sacudía la sangre de su arma y envainaba.

Eloisa le sonrió, mientras veía los cadáveres sin vida de esos dos. Se fueron, mientras volvían a disfrazarse. Dejaron cerrada la habitación, no tardaron mucho en llegar al auto y desaparecer en la carretera. Su compañero estaba de mejor humor, ya no se percibía esa maldad; aunque si había algo de tristeza en su ser.

Ella detuvo el auto en la ruta, dio una vuelta en U y volvió a la ciudad. Pero no se detuvo, lo llevó hasta un lugar céntrico. Allí detuvo el auto y lo invitó a pasar. El no sabía que decir, pero aceptó.

Se bajo del auto y la siguió, mientras ella abría la puerta y lo invitaba a pasar. Lo primero que vio fueron unas escaleras. Subió junto a ella mientras la mujer lo miraba a los ojos con fijeza. Cuando llegaron arriba, Eloisa pasándole el brazo entre los hombros le dijo:

- Bienvenido a mi hogar.

Tras la puerta, pudo ver una casa decorada con muy buen gusto. Unos cuadros muy bonitos colgaban de la pared. Las paredes pintadas con colores vivos daban una impresión acogedora. Entraron a la casa de ella, mientras él la veía dejar su saco sobre el perchero y las llaves las dejaba en un lugar para colgarlas al lado de la puerta.
Ella se disculpó un momento y le dijo:

- Enseguida vengo, prepárate lo que quieras.

- Bueno, gracias- Dijo él con algo de vergüenza.

La chica desapareció en una habitación, mientras él se dirigía a la cocina a ver que había en la heladera. Tomó una jarra con agua y buscó un vaso, cuando se estaba sirviendo un poco de ese liquido vital oyó la voz de Eloisa a sus espaldas.

- Toma la que quieras, pero puedes sentarte también.

- Gracias, muchas gracias Eloisa- Dijo él con algo de vergüenza.

- Vamos Leonardo, estas en confianza. Aquí ya no somos compañeros de trabajo- Le dijo ella en tono jovial.

- Si, es que me cuesta esto de comportarme de otra forma- Dijo él mirando al piso.

- Lo sé, a mi también me costó mucho. Pero con el tiempo se vuelve algo natural, tanto que todos creen que eres de la misma forma siempre- Dice ella mientras lo mira con fijeza.

- Pero... ¿eso no es una mentira?- Pregunta él.

- Si, claro que lo es; pero entonces ¿cómo crees que te tratarían sabiendo que eres un asesino?- Le responde ella.

- Entiendo, lo comprendo Eloisa- Responde él en actitud reflexiva.

- Me parece lo más correcto ocultar quien soy para el resto- Dijo ella, en un tono melancólico.

- Es lo mejor, creo que de saberlo nos repudiarían- Dijo él.

- En efecto, pero cuéntame... ¿Cómo es tu vida?- Preguntó ella.

Leonardo suspiró, mientras terminaba de tomarse al vaso de agua la miro largamente y luego; dejándolo sobre la mesa le dijo:

- Lo mío es algo monótono, pero ya que quieres saber te lo diré: Soy un estudiante del instituto Mazza; me queda un año para recibirme de contador. Tengo padres separados, por lo que vivo con mi madre que es una empresaria que trabaja la mayor parte del día. Además, tengo una hermana menor a la que cuidar; por eso hago las cosas de la casa todos los días. Esa era mi vida, antes de entrar en todo esto.

- ¿De veras eres la ama de casa?- Preguntó ella sin creérselo.

- Si- Respondió él.

- Mierda, de veras que tu vida es un bodrio; sin ofender colega- Dijo ella, mientras lo miraba como un bicho raro.

- ¿Y, como es tu vida?- Preguntó él.

- ¿Mi vida? Es mucho mas aburrida que la tuya... Trabajo como una tediosa secretaria en una oficina de la intendencia. Muchos papeles y poca acción, vuelvo a mi casa muy tarde; encima vivo sola- Dijo ella con pesar.

- Al menos puedes vivir sola, yo no tengo trabajo aún- Dijo él con pesar.

- ¿Quieres venirte a vivir aquí?- Preguntó ella.

- No lo creo, en mi casa pondrían el grito en el cielo si supieran que me vengo aquí- Dijo él con seguridad.

- Oh, es una pena; me haría bien tener compañía cuando estoy sola- Dijo ella, mientras le tocaba la pierna.

- Puedo venir a verte, si eso quieres- Dijo Leonardo mientras la miraba algo preocupado.

- Me encantaría, al menos tendría compañía en mis ratos libres- Dijo Eloisa mientras le daba un besito.

- Él se levantó de la silla, ella lo emulo y luego le tomó del brazo. Él no quiso mirarla y Eloisa lo obligó. Quedaron frente a frente, ella entonces le dio un papel con la dirección de su casa. Lo acompaño hasta la puerta y lo despidió con la mano.

Un muchacho cabizbajo se fue caminando con su estuche de guitarra, ella lo miró partir; mientras sonreía de lado. Miles de cosas nublaban su mente, estaba desconcertado pero no sabía por que se sentía feliz... había encontrado a su igual.

viernes, 4 de septiembre de 2009

Capitulo 6: Descubrimiento

Se descubren cosas ocultas, la trama va dilucidándose
Pero... El saber implica nuevas responsabilidades.

Volvió a su hogar, con el estuche ya volvía a ser el de antes. La sonrisa fría se había borrado y esa sensación de poder y superioridad desapareció. Caminaba recordando y temblando al ver lo que podía desarrollar. Temía a esa faceta que se desataba al tener esa arma entre manos.

Al entrar en su casa vacía, un silencio lo abrazó sobrecogiéndolo. Dejó el estuche y salió... se encaminó hacia la biblioteca, tenía curiosidad por saber algo. Pero al entrar en el lugar no supo como pedir material.

- Disculpe ¿tienen información sobre espadas?- Preguntó Leonardo.

- Claro que si, ¿sobre que tipo?- Le preguntó la bibliotecaria.

- Espadas de todo tipo, creo- Respondió él.

- Bien, acompáñame- Dijo ella mientras se levantaba de su asiento.

- Gracias- Dijo él.

La vio tomar un bastón y caminar, era una mujer bonita a pesar de su edad que no pasaría de los cuarenta. El vestido largo dejaba imaginar unas caderas firmes y unas piernas algo maltratadas. No tenía unos pechos exuberantes pero no dejaban de ser preciosos. La dama se detuvo en un anaquel y luego buscando con su dedo extrajo un grueso volumen. Busco más abajo y saco dos libros más. Luego le pidió:

- Por favor muchacho, ¿puedes alcanzarme el segundo libro? Yo no llego.

Leonardo asintió y estirándose sacó el mencionado libro. Ella tomando el resto se los entrego en las manos y le dijo:

- Bien, estos son todos. Si precisas algo más estaré en la recepción.

- Gracias. ¿Qué le ocurrió en la pierna?- Preguntó él.

- Ah esto fue un accidente automovilístico. Un precio muy pequeño a comparación del que pago mi marido- Respondió ella con una sonrisa.

- Oh lo lamento no sabía- Se disculpó el muchacho.

- Esta bien, después de todo Ud. No tiene la culpa- Le dijo ella.

Le dio los libros y se retiró a su lugar de trabajo, Leonardo comenzó a leer esos volúmenes sobre algo desconocido para él. Vio cantidades de documentos y tipos de espadas. Pero ninguno hacia referencia al arma que descansaba contenta dentro de su estuche.
Se levantó de su asiento en la sala de lectura, la luz tenue de esa lámpara lo tenía cansado y esa oscuridad apenas dejaba ver dentro del recinto. Volvió a llegarse hasta donde se encontraba la bibliotecaria y le dijo:

- No he hallado lo que buscaba, ¿Hay más material?

- A ver, déjame ver- Dijo ella mientras buscaba en el ordenador.

- ¿Y bien?- Preguntó él impaciente.

- Bien, he hallado un tratado muy viejo; puede servirte- Dijo ella mientras tomaba su bastón.

Se levantó de su silla mientras comenzaba a caminar. Leonardo la siguió hasta el rincón mas apartado del recinto. Ella se agachó y extrajo una llave, luego abrió el anaquel cerrado y de ahí extrajo un libro polvoriento de guardas gastadas. Se lo entregó al muchacho y luego volvió a su lugar.

Leonardo tomó el libro y comenzó a leer. Ahí pudo encontrar cosas que correspondían con la descripción de la espada que tenía en su poder. Entre ellos encontró un boceto algo burdo que se parecía a su espada, entonces leyó con atención:

Espada Muramasa, fecha desconocida. Estas espadas eran utilizadas para cometer los peores crímenes y asesinatos, según las leyendas locales el forjador de estas armas utilizaba las almas de los demonios para crearlas. Se sabe que originalmente, en los ritos de magia negra de ciertas sectas budistas y en especial de la secta Shingon al crear un arma se le adosaban cientos de espíritus malignos a fin de fortalecer el deseo de matar de su poseedor.
Entre ellas, se destaca un ejemplar que presuntamente se ha perdido; se trata de la espada que utilizaba el ayudante para los seppukus que ordenaba el emperador. Con ella este sujeto tomó la vida de su propio gobernante.

Esto lo dejó intranquilo, parecía salido de una película de terror. Pero eso explicaba las sensaciones que lo invadían al tomar ese arma entre sus manos. A eso debía el cambio de conducta, y sin embargo lo atraía.

Se levantó y le dejó el libro a la mujer que amablemente le sonrió. Salió de la biblioteca y caminó hasta su casa. Los pensamientos vagaban en su mente aturdiéndolo, era demasiado loco; pero cierto. Tenía en su poder un arma maldita, un contenedor de demonios sedientos de sangre y maldad.

Volvió a su hogar, su hermana lo recibió con un beso que lo descoloco. Se la sacó de encima y le dijo:

- ¿Qué haces?

- Solo te saludo- Le dijo ella mientras lo miraba a los ojos.

- Pues ya termínala con estas cosas, ya te dije que no quiero saber nada más de lo que paso- Dijo Leonardo algo mosqueado.

- Una vez que cocino ¿Y me venís con esto?- Preguntó ella.

- ¿Cocinaste?, eso si que es de no creer.-Dijo él, en tono burlón.

Se sentaron a la mesa, comieron en silencio ella lo miraba con atención esperando a que él hablara. Entonces Leonardo le preguntó:

- ¿Y tus amigas?

- Se fueron a sus casas- Respondió ella con una sonrisa entre picara y macabra.

- Que lastima, como siempre andan juntas- Dijo él.

- Solo quería estar sola por un rato- Le dijo ella.

- Bien, ahora que hemos terminado de comer ¿lavaras los platos?- Preguntó él.

- Si, luego me iré a dormir- Dijo ella en tono sospechoso.

Él se levantó de la mesa y se fue a su habitación, miró y vio una nueva caja ahora abierta. Seguramente su hermana la abrió y miro lo que había dentro, reviso y todo estaba allí. Vio el video, nuevamente ese hombre le daba las felicitaciones y le entregaba otra misión.

Haz cumplido mejor de lo que esperábamos con la misión, tu siguiente blanco será un empresario alemán que llegara al país el diez de noviembre. El nueve del mismo mes, a las 20:00 hrs. Un contacto te estará esperando en las puertas del estadio de fútbol, hasta entonces permanece oculto.

El muchacho suspiró aliviado. Al menos por un tiempo no tendría que volver a tomar esa arma entre sus manos. El saber que ese objeto había probado sangre desde hace siglos lo atemorizaba. Se cambió y luego volvió a su cama, durmió pero tuvo pesadillas.

Los demonios danzaban mientras luchaban contra algo, ese acero brilló mientras algunos caían y otros se abalanzaban sobre su portador. Pero este los acababa rápidamente, sus cabellos oscuros y su mirada perversa solo se igualaban a su sonrisa maliciosa.

Parado entre podredumbre y vísceras que no podría describir ese sujeto comenzó a avanzar en busca de más criaturas para matar...

Luego apareció un hombre que no conocía con una extraña armadura, entre sus manos sostenía la espada. Lo vio sonreír mientras corrían hacia él multitudes de hombres, los gritos lo aturdían. Los movimientos apenas se percibían, pero el silencio prevaleció y ese sujeto con la armadura destruida comenzaba a avanzar.

Corrió y se abalanzó sobre él mientras le clavaba la espada, pero no era él... un anciano de ropas finas aferraba por los hombros a su asesino. Este sin responder le practicó un corte ascendente, terminando de partirlo en dos. La sangre salpicó por todos lados, el bosque quedó en silencio mientras el guerrero se retiraba del lugar.

Se despertó sobresaltado, pero eso no fue nada en comparación de lo que le esperaba... había algo entre sus manos ¡La espada! Tiró el objeto al instante y luego lo guardó en el estuche. Traspiraba, no podía siquiera dilucidar como había llegado hasta sus manos; se sentó en la cama...

Volvió a dormirse rápido, estaba muy cansado y afortunadamente era viernes; podría dormir hasta tarde. Cuando despertó, fue hacia el baño a ducharse un poco... se sacó el pijama y dejó la ropa limpia en un lugar seco para ponerse.

Sintió unos pasos que venían hacia el baño. Pero no les dio importancia, seguramente era su hermana. Siguió bañándose tranquilamente, la puerta se abrió de repente y alguien gritó. Leonardo no tenía con que taparse, ni siquiera cortina había... miró hacia donde vino el grito y casi se muere al verla: era la chica del subte.

La chica lo reconoció, poniéndose mas colorada... luego se tambaleo, desmayándose. Leonardo se alarmó y salió de la ducha mientras se cubría con una toalla. Se arrodilló, alzando a la chica y miró a su hermana que venía subiendo la escalera rápidamente.

- ¿Qué hacia esta chica aquí?- Preguntó él.

- Es Marisa, una compañera de clases que se quedo a dormir ayer en casa. Le dije que bajara a la cocina- Respondió Micaela.

- Lo malo es que me vio desnudo- Dijo él con vergüenza.

- Bueno, al menos vio algo que la alegró- Le dijo su hermana con una risa burlona.

- No seas así, Micaela- La retó él.

La chica ayudó a su hermano a recostar a la jovencita en la cama de ella. Leonardo se fue a cambiar, mientras Micaela se quedaba con Marisa. La rubia se despertaba de nuevo, su amiga le preguntó:

- ¿Estas bien?

- Si, tuve un mal sueño... iba caminando hasta el baño de tu casa y había un hombre duchándose- Dijo ella.

- No fue un sueño, mi hermano se estaba duchando en el baño. Vos lo viste y te desmayaste- Le respondió su amiga mientras le daba un suave golpecito en la frente.

- Ah, lo siento mucho. Creo que será mejor que vuelva a mi casa... aunque no quiera- Comentó la chica.

Desde abajo de las escaleras pudieron escuchar el grito que las llamaba a desayunar. En efecto; era Leonardo. Las chicas bajaron, la mesa ya estaba servida y el cocinero ya estaba tomando sus apuntes para irse hacia la biblioteca.

Se cruzaron por un momento, él saludo y luego salió cerrando la puerta. La mirada de esa chica le recordaba lo que hacia cuando nadie lo veía. Subió al colectivo y se acomodó en un asiento vacío. Unas paradas mas adelante, una voz femenina le preguntó:

- ¿Esta ocupado el asiento?

- No, podes sentarte si queres- Respondió él sin mirar.

- Gracias- Dijo la voz.

Cuando miró quien era, se sorprendió al ver a la chica del callejón. Se reconocieron, pero ella no dijo nada; solo se sonrió. Tal vez recordando a una de las pocas personas que tuvo un gesto de humildad y piedad para con ella.

Leonardo se quedó atónito, pero también veía que su parada se acercaba. Le pidió permiso a la chica y presionando el timbre bajó en la cuadra de la biblioteca. Subió las escaleras y entró de nuevo al recinto, de nuevo ahí estaba esa mujer con sus libros ya listos.

Le agradeció a la mujer mientras se iba de nuevo a la mesa mas alejada a seguir investigando para ese seminario de investigación de la facu. Las horas allí dentro pasaron rápido. La luz eléctrica iluminaba esa mesa en la que habían desparramados una gran cantidad de libros y apuntes.

El joven miró la hora, eran las nueve de la noche. Salió de ahí por unos momentos a comprar algo para llenar su estomago que pronto empezaría a rugir. Entró a un kiosco y se compró unas papas fritas y una gaseosa. A hurtadillas entró en la biblioteca con los alimentos.

Llegó hasta la mesa de trabajo y volvió a prestarle atención a su entremés. Pudo oír los golpecitos del bastón acercándose, era la bibliotecaria. La mujer le preguntó:

- ¿Qué traías?

- Nada, solo salí a tomar un poco de aire- Dijo él, fingiendo.

- Entonces ¿por qué huelo a fritura?- Preguntó ella.

- Puedo explicarlo- Respondió él.

- Aquí no se permite entrar con alimentos- Dijo ella, estricta.

- Por favor, ¿tengo que ir afuera a comer?- Preguntó él.

- Esta bien, pero tendrás que hacer algo por mi- Respondió ella, mirándolo con malicia.

Leonardo se levantó de la silla y siguió a la mujer hasta el rincón mas apartado y oscuro, luego soltó el bastón y trayéndolo bien cerca de ella le dijo:

- Bien, ahora voy a darte tu castigo.

- Pero... ¿esto esta bien?- Preguntó él.

- Claro que si, nadie vendrá por aquí- Dijo ella.

Ella le bajó los pantalones junto con la ropa interior. Luego se agachó y comenzó a lamerle los huevos, el joven se dejaba hacer mientras gemía de placer. Ella comenzó a pajearle esa herramienta tan dura, luego comenzó a recorrer el contorno de ese mango con su lengua cálida.

Leonardo la levantó, sentándola sobre el anaquel para luego sacarle la ropa y el brasier; dejando a la vista unos pechos con unas areolas abundantes. Comenzó a besarle los pezones, haciéndola derretir de placer.

Ella le pidió en un susurro que la besara en el cuello. Así lo hizo, la bibliotecaria sentía como si la invadieran impulsos eléctricos. Sus bragas ya estaban muy humedecidas, le pidió al joven que se las quitara...

Así lo hizo, luego contemplándola por unos momentos ella lo animo a que le comiera el coño. La lengua de ese muchacho se afianzó dentro de sus otros labios, lamiéndola y comiéndole el panocho con una fruición infinita.

No tardó mucho en correrse delante del joven sorprendido, viéndola contonearse ante las convulsiones de ese orgasmo. La dama jadeaba, estaba empapada frente a ese joven que la volvía loca. Él se paró y mientras la besaba iba introduciéndole de a poco su miembro.

Ella se movió, introduciéndose esa polla tiesa, dura y venosa mas profundo aún. Esto lo sorprendió, pero no significó que se amilanara. Tomándola de los pechos comenzó a bombearla, mientras masajeaba sus senos.

Las embestidas fueron subiendo en intensidad, ella gozaba con cada golpe, cada empellón la hacia sentirse amada. El pelo de ella se revolvía en el aire, la mujer abrazó al muchacho con fuerza.

Se aferró a él, como buscando fundirse con ese ser; podía sentir como ese mástil subía y bajaba dentro de su almeja. Lo hacia con constancia y dedicación, ella seguía gimiendo... el momento llegó y volvió a correrse. Él la levantó y entonces la colmó de su cálido y espeso esperma.

Ella se paró, mientras él se sentaba en el piso. Estaba todo sudado, pero ella lo valía. La miro ahí frente a él. Toda revuelta, excitada, jadeante; ella se arrodilló, para buscar mas besos en los labios del muchacho.
Él la beso, mientras le traía con fuerza hasta su lado; luego la sentó sobre su regazo haciéndola sentir como crecía ese mástil. Luego él le preguntó:

- Tengo que irme, pero quiero saber algo ¿tu nombre?

- Celsia, ¿eso querías saber Leonardo?- Respondió ella.

- No, solo quiero saber...

- Cuando quieras, las veces que lo desees- Le dijo ella, mientras le robaba un beso de los labios.

- Gracias- Dijo él.

Se levantaron y se arreglaron la ropa lo mejor que pudieron, él vio como ella se movía normalmente sin el bastón. Ella lo miró y sonriéndole por lo bajo le pidió que guardara el secreto.

Leonardo tomo sus libros y apuntes, se los dejo sobre la mesa y con un saludo se despidió de Celsia. Salió de la biblioteca y volvió a su casa, nuevas aventuras aguardaban...

martes, 1 de septiembre de 2009

Capitulo 5: Mentiras

Una mentira lleva a otra y se encadenan, poco a poco
el hombre se hunde en un pantano del que no puede salir.

Sin embargo, aún con las mejores intenciones se han cometido las peores aberraciones en la historia del mundo. Se sentó a la silla luego de dejar su estuche en la habitación. Su madre con el seño fruncido esperaba explicaciones.

- Lamento llegar a esta hora. Es que nos quedamos en lo de Hernán ensayando un número para el insti- Mintió Leonardo.

- ¿Era necesario que dejaras la casa sola? Sabes muy bien que no me gusta que Micaela se quede sola- Dijo su madre.

- Pero si ella estaba con sus amigas, al menos cuando me fui era así- Dijo él.

- No me gustan sus amistades, esas chicas no me inspiran confianza, hijo- Dijo su madre.

- Bueno, trataré de no salir tanto mama. Pero es que a mi también me gustaría poder salir sin tener que estar pendiente de ella- Dijo el joven.

- No tengo problema en que salgas, pero trata de volver temprano, no quiero llegar y que tu no estés- Dijo la mujer.

- Ok, lo haré- Dijo él resignándose.

- Me alegra, ya me tengo que ir. Cuídate- Dijo su madre mientras le besaba la frente y tomando su cartera salía hacia el trabajo.

Él se quedo ahí, el sueño pudo mas y terminó durmiéndose en la mesa. Sintió un cálido toque que movía su cabeza, cuando abrió los ojos se trataba de su hermana que lo miraba preocupada.

Se sorprendió y avergonzó de que lo encontrara en esa situación tan embarazosa. Ella solo se limito a decirle:

- Dale, son las siete de la mañana. Tenés que irte, igual yo me voy a encontrar con las chicas para preparar un trabajo.

- Uh, ya me estoy yendo- Dijo el muchacho mientras se incorporaba se lavaba la cara y tomando los libros salía corriendo hacia el instituto.

La chica suspiró al verlo correr como un desesperado, camino hasta la puerta y cerró con llave... Leonardo corría hasta el subte, quería llegar a tiempo al colegio. Bajó las escaleras y llegó. El subte se estaba yendo de la estación, estaba enfadado y resignado ahora llegaría tarde.

Miró a su alrededor mientras esperaba que viniera de nuevo el servicio. El metro llegó y el subió, como era hora pico iba muy apretado. Se topó con alguien y quiso moverse pero solo se apretó más contra esta persona.

La sorpresa del muchacho fue mayúscula al verse cara a cara con la joven hija de su blanco. La muchacha se sonrojó y lo miró a los ojos por unos instantes, el sonido de las puertas abrirse en la estación de él rompieron la magia del momento.

Salió corriendo para llegar al instituto, la chica se sorprendió por su supuesta reacción pero no dijo nada, solo lo miró irse. Leonardo se quedó algo preocupado, ¿ella se habría percatado de quien era él? Descartó esa idea rápidamente, habían usado mascaras muy buenas para ocultar sus rostros; así que no había problemas.

Entró al salón con estrépito, su profesor lo miró con un gesto de reprobación y rápidamente le increpó:

- ¿Otra vez llegando tarde? Tiene media falta.

Él no respondió y sentándose en su lugar se unió a la clase. El cansancio se notaba en su cuerpo porque se quedó dormido en la clase. El profesor no soportó más y de un grito lo despertó con un susto. Todos rieron en el salón, Leonardo se avergonzó mientras pedía disculpas al académico.

Cuando termino el turno, salió caminando al mejor estilo zombi. Estaba muy cansado por todas las emociones de la noche anterior, había dormido muy poco. Con los libros bajo el brazo y su falta de reflejos no vio a la apurada y despistada muchacha que salió de repente. Chocaron los dos y cayeron al piso, él se levantó como pudo cuando miro hacia arriba vio a la chica del tren extendiéndole la mano. Le ayudo a levantarse y juntando sus cosas le dedico una sonrisa.

Él se quedo embobado, no supo que decirle a esa joven de cabellos dorados y mirada cristalina. Fijó su vista en esos labios rosados que se movían con preocupación, entonces la oyó hablar:

- Ah, discúlpame, no vi por donde caminaba.

- Esta bien, yo tampoco estaba atento, discúlpame- Dijo el joven con algo de mala espina.

- Gracias, disculpa ¿este es el instituto Mazza?- Preguntó ella.

- Si, este es. Disculpa, tengo que irme- Dijo él algo incomodo.

- Espera, ¿Puedes mostrarme el lugar? No conozco mucho esta zona- Pidió ella.

- Esta bien, lo único ya están por cerrar; será mejor apurarnos- Dijo Leonardo.

- Bien- Dijo ella mientras sonreía.


- Entremos entonces. Le dijo él, mientras la guiaba.

El joven guió a la muchacha por el interior del complejo, mostrándole aulas, gimnasio, enfermería, sala de actos. Cuando terminó de mostrarle todo, salieron por el pasillo pero cuando llegaron a la puerta de salida esta se encontraba cerrada.

Leonardo suspiró al verse encerrado y la chica se desanimo mientras le decía:

- Creo que fue mala idea pedirte que me mostraras el lugar.

- No hay problema, podemos salir por la ventana- Dijo él mientras subía a un banco y comenzaba a pasarse por la abertura.

- Bien pensado- Dijo ella y le emulo.

El joven se quedó mirando para arriba, viendo como la chica se pasaba; ella no alcanzó a aferrarse del borde y cayó con estrépito. Leonardo la ayudó a levantarse, tomándola de la mano. Ella se levantó muy apurada y terminó tropezando... cayendo sobre él.

La situación pareció detener el tiempo en esa entrada, el perfume de ella penetró dentro de él extasiándolo. Los cabellos rubios se regaron sobre Leonardo que la miraba a los ojos con sorpresa. Sus pupilas celestes quedaron fijas en las de Leonardo que sentía como un sudor frío comenzaba a correrle por la espalda.

La chica se paró, mientras se ponía colorada como un ají el muchacho se paraba algo avergonzado por lo sucedido. Un silencio incomodo se cernió sobre ambos y ella terminó disculpándose de nuevo por su torpeza. Él se quedó callado mientras la miraba, ella pasó a lado de él y le dijo:

- Mira

Él miró justo hacia donde estaba ella y la joven aprovechó para robarle un beso. Mientras ella desaparecía entre la multitud del lugar, Leonardo se quedó ahí parado como una estatua. Lloraba y reía ante lo irónico que podía llegar a ser todo, él era el asesino de su padre y ella ahora le había robado un beso con picardía.

Secó las lágrimas con su puño y comenzó a caminar hacia su casa, ya llegaba tarde pero no importaba. Aún no había hecho la comida ni los mandados, su hermana seguro estaría furiosa esperando su llegada.

Pero al llegar, nada fue así... su hermana no había llegado, eso era raro. Tocaron a la puerta de la casa y un nuevo paquete llego a sus manos. Lo guardó en su habitación y bajo a cocinar, oyó unos quejidos que venían de la habitación de su hermana.

Se acercó sin hacer ruido y miró por la cerradura, no pudo ver nada porque el cuarto estaba a oscuras. Abrió la puerta y con un palo en la otra mano penetró en el cuarto, un griterío del demonio se armo ahí adentro.

Su hermana gritó al verlo con el palo mientras un jovencito rubio lo miraba aterrado y sorprendido. Leonardo los miró a ambos, tomó al muchacho de la remera y le preguntó:

- ¿Que haces acá?

- Nada, estoy jodiendo con tu hermana- Dijo el jovencito.

No hubo respuesta, solo un violento puñetazo que dobló en dos al pibe. Leonardo lo llevó de la remera como un gatito hasta afuera y lo sacó de la casa. Su hermana le recriminaba por el joven, él no le presto atención y solo cocinó.

Comieron en silencio, Micaela estaba ofendida por la conducta bárbara de su hermano mayor. Él no dijo una sola palabra para no provocarla y tener que soportar una discusión que no llevaría a nada. Cuando la miro no pudo más y le dijo:

- La próxima vez que quieras hacer alguna cosa de esas, hacela fuera de casa.

- Ah claro ¿y vos que sabes que hacíamos nosotros? Vos no tenés idea de lo que hacíamos- Le dijo ella con desprecio.

- No lo sé y prefiero no saberlo a pervertirme sabiéndolo- Le respondió él mientras terminaba de comer.

- Claro, seguro que no sabes nada de esto vos. Y decime, ¿Qué onda con Lucrecia?- Preguntó ella con malicia.

- ¿No es tu amiga? ¿Qué tengo que ver yo con ella?- Buscó desentenderse.

- Mmmm... que yo no soy tonta, el beso del otro día y la descompostura de ella ¿Seguro que no paso nada?- Volvió a preguntar ella.

- No... que yo sepa no- Mintió él.

Ella se quedó asombrada de su respuesta. Al parecer su presentimiento no era el correcto. Se levantó de la mesa y se fue a su habitación. Leonardo comenzó a lavar los platos y luego se acostó, tenía mucho cansancio.

Se cambio y se metió en la cama, fue como un desmayo porque se durmió al instante y no se levantó hasta muy entrada la noche. Un poco de frío lo despertó, abrió los ojos despacio y lo que encontró lo shockeo...

Su hermana estaba a su lado desnuda, entre sus manos tenía una botella de whisky y olía a alcohol, en las sabanas había un poquito de sangre. Y él también olía a alcohol, miró a su entrepierna y notó que no tenía sus boxers. Eso lo alarmó... no podía ser que... ¿su propia hermana se lo había tirado?

No podía ser posible, pero la escena daba la pauta. Se levantó y movió a Micaela, la chica lo miró y corrió hacía el baño a vomitar. Leonardo la siguió y tuvo que observar como devolvía todo lo que había comido a la taza del excusado. Se acercó a Micaela y le preguntó:

- ¿Qué paso?
- ¿No lo recuerdas? ¿No estas jodiendo?- Le preguntó ella recuperando el aire.

- No, no quiero saberlo. Tu...¿y yo?- Pregunto él, tembloroso.

- Creo que si, no lo recuerdo muy bien. Pero se sentía muy cálido y vibrante, fue una sensación maravillosa- Dijo ella mientras se sonrojaba.

El se quedó callado, no podía creer que su propia hermana dijera eso; algo lo detuvo pareció recordar unos gemidos mientras dormía... NO PODIA SER POSIBLE, entonces era verdad. Micaela lo vio bajar precipitadamente hacía la cocina y presintió algo malo, lo siguió...

En la cocina lo vio tomar un cuchillo y apuntarlo a su cuello, cerró los ojos e hizo fuerza; el acero siguió el movimiento pero su vida no se termino... un poco de sangre cayó sobre él. Abrió los ojos, Micaela detenía el cuchillo con su mano; se había cortado en el proceso de salvarlo.

Él no la miro, se avergonzaba de lo que era y de lo sucedido. Ella lo tomó con sus manos mientras la sangre manaba de su mano llegando al rostro de él y le dijo:

- En todo caso, la que tendría que hacerlo soy yo. Fue mi estupidez querer sacarme esta virginidad contigo, ya no sirve llorar sobre la leche derramada. Si mueres, no veras como reparo mi error.

- Todo esto no es correcto, tú debías darte a quien más amaras; a un hombre que consideraras especial. No a tu propio hermano- Dijo él con congoja.

- Pero nadie se fija en mí, todos creen que solo soy una nerd que no puede calentar siquiera una cuchara. Creen que soy asexuada, que no tengo deseos, pero los tengo y no podía realizarlos- Dijo ella mientras lloraba.

Leonardo la abrazó, dejando que largué toda su amargura. Ambos se cambiaron, Micaela se vendó la mano mientras él preparaba el desayuno. Después de desayunar, él se fue al colegio mientras ella se iba a la clase de gimnasia.

El camino hacia la estación fue rápido, el saber que su hermana se arriesgó tanto por protegerlo le reconfortaba. Subió al subte, nuevamente el apretujón de gente yendo hacia sus trabajos. Llegó sin novedades al colegio y pudo cursar con normalidad, el día pintaba bastante normal en su vida.

Sin embargo, al llegar a su casa... el paquete estaba ahí esperándole. Suspiró y lo tomó, abrió la puerta y entró a su hogar. Subió las escaleras hasta su habitación y lo abrió, el contenido era el mismo solo que esta vez la cantidad de fajos era mucho mayor.

Puso la cinta en la video casetera y esperó... misma imagen y voz, pero pudo apreciar algunos detalles que antes había pasado por alto. Esta vez la misión era mucho mas riesgosa, el blanco era poderoso y esta vez no contaría con ninguna ayuda.

Facundo Quiroga, ese nombre resonaba en su mente. Un dominador empedernido que controlaba la vida de una provincia completa a su antojo. Pasando por encima aún del Presidente. Un hombre violento que no conocía otra cosa más que la fuerza... sería difícil acercarse.

Tuvo que averiguar en periódicos y con amigos, así pudo enterarse de que el sujeto pasaría un tiempo en la ciudad. Se hospedaría en una quinta a las afueras de la ciudad, era perfecto, además contaba con dos días para planearlo.

Los días pasaron, los nervios crecían y el plan no aparecía. Pero el trabajo ya estaba pagado el día llegó y nada podía hacer mas que ir. Tomó el estuche y salió en el colectivo... se bajó cerca del lugar y comenzó a caminar, temblaba por dentro... tenía miedo.

Se pegó contra el muro posterior sobre el que se apoyaba la casa y ahí se quedó respirando. Se recriminaba a si mismo el haberse sumergido en esa situación riesgosa, y ¿si se volvía a su hogar?

Acarició esa idea en un principio, pero la desechó de inmediato al recordar que ya sabían su locación... su familia podía estar en riesgo. Sacó la espada del estuche y todo quedó claro.

Esa mirada volvió a emerger, la sonrisa maliciosa afloró en sus labios de una forma límpida. Escaló el muro sin complicaciones y se escondió tras un árbol, vio al blanco pasar acompañado por una veintena de hombres y dos mujeres preciosas.

Entraron en el caserón y los guardias se dispersaron por el perímetro. El más cercano a él miró un momento hacia el árbol. Se ocultó más y luego en cuanto se descuido le aplastó la garganta de una vez.

Lo trajo consigo y tomó sus ropas, luego salió disfrazado y mató a los restantes. Desde fuera se oían los gritos de placer y lujuria de Facundo y sus dos mujeres. Pasados unos minutos, el asesino penetró en la casa.

Subió a la planta alta, donde se encontraban los amantes. Las puertas estaban cerradas, no era lo mejor penetrar haciendo estruendo. Abrió lentamente la puerta y un disparo lo recibió.

- No pensé que mandarían a alguien tan joven a matarme, me subestiman- Dijo el dominador.

- Que pena, es un muchacho tan joven- Dijo una de las mujeres sentada en la cama.

- Lastima, me hubiera gustado saber si era virgen o no- Dijo la otra.

- Ay, Clarisa no seas tan degenerada- Dijo la mujer escandalizada.

- ¿Y de que quejas, Cleo?- Respondió la aludida.

- Lo siento, por su jefe pero él me subestimo a mí- Dijo una voz a sus espaldas.

Los ojos miraban a sus presas, ya devorándolas; un corte descendente y Facundo cayó al suelo hecho un reguero de sangre. Las mujeres se quedaron asombradas, no era alguien normal. Le habían visto caer ante sus ojos por el disparo ¿En que momento se movió hasta ahí?

Se levantaron lentamente, Clarisa se adelantó y lo besó en la boca. Al ser correspondida Cleo también se acercó. Los besos llevaron a caricias entre los tres, las ropas cayeron de sus cuerpos mientras las hormonas hacían su parte.

Las lenguas se encontraban, jugaban y recorrían. Los pezones y sus areolas ya grandes eran lo preferido para lamer y succionar. Las manos correspondían, se entrelazaban y acariciaban. Los dedos de él acariciaban las zonas intimas de ambas... ellas gemían y lo cubrían de besos.

Llevó a Cleo contra la pared y luego la penetró, mientras se hallaba en la faena; Clarisa sacó debajo de la cama un puñal. Atacó al hombre, mientras este se hallaba ocupado pero fue inútil. Cuando lanzó el ataque este detuvo su mano armada y la mató clavándole el puñal en el cuello.

La rubia se agarró la garganta mientras caía al suelo, pocos segundos después moría por asfixia ahogada en un charco de su propia sangre. Su compañera la lloró en silencio mientras ese desconocido la mantenía sobre su mástil subiendo y bajando.

Leonardo la besó, fundiendo su boca con la de ella... la depositó en la cama y nuevamente comenzó a acariciarla. Haciéndole sentir esas cosquillas que hace mucho no sentía con otro hombre. Ella comenzó a contonearse, arqueó su columna mientras seguía disfrutando de esas caricias que la estaban excitando más que cualquier falo.

Tenia los ojos cerrados, disfrutaba de un placer que hace mucho no experimentaba; él lentamente fue introduciéndole su miembro dentro, invadiendo su feminidad. Ella lo recibió con gusto mientras comenzaba a mover sus caderas acompasando el movimiento de él.

Las embestidas aumentaron gradualmente su fuerza, mientras ella gemía cada vez más fuerte. El éxtasis llego sobre él, el semen volcánico salió hacia el interior de esa mujer que lo recibió sin decir nada en lo absoluto. Cuando se separaron, vistiéndose en silencio ella habló:

- Eres un cazador, ¿verdad?

- Así es- Respondió él.

- ¿Porque haces esto?-. Inquirió ella.

- No lo sé, en un principio quise ponerle un poco de emoción de a mi vida rutinaria. Pero esto cada día me atemoriza más. Es tan alejado de lo que hago en mi vida común- Respondió él.

- Si, lo mismo me pasa a mi. Pero sé que con el tiempo se hace fácil- Dijo ella animándolo.

- Por cierto, soy Leo- Dijo él mientras le estrechaba la mano.

- Cleotasha, un gusto. Espero nos volvamos a ver- Dijo ella.

- Que así sea- Dijo él.

Salieron del lugar sin dejar rastros a su paso, en una estación de trenes se despidieron; tal vez por ultima vez. Tomaron caminos diferentes sin mirar hacia atrás, tal vez algún día volverían a verse de nuevo; eso no lo sabían...

viernes, 29 de mayo de 2009

Capitulo 4: Misión


La misión se encomendó, cumplirla será fácil
Lo peor serán las consecuencias, que siempre llegan luego de la acción
Mientras tanto, ellos festejan...
Cuando el muchacho llegó a su casa, eran cerca de las once. Afortunadamente ya había hecho las compras en el camino. Así que ni bien llegó, dejó las bolsas sobre la mesa y guardó el estuche de la guitarra en su habitación. Luego comenzó a cocinar para la remolona de su hermana.
Mientras cortaba los morrones para acompañar el arroz frito. Los golpes del acero contra la madera comenzaron a hacerlo recordar... un golpe de la cuchilla... se vio destajando esa puerta como un pan de manteca. Sintió esa sonrisa que se apoderó de su rostro durante esos instantes...
Segundo golpe de la cuchilla... se movía hacía delante, ignorando a esos gorilas caribeños con armas de fuego. Primero se movió atrás mientras su espada describía un circulo y luego con otros nueve cortes hacía volar los pedazos de esos pobres tipos...
Tercer golpe de la cuchilla... todos caían al suelo ya muertos, su sonrisa no se borraba de la cara. Luego silencio... sus ojos comenzaron a derramar lagrimas al comprender lo que pasó. La hoja quedó a medio camino de su labor. El joven se desconocía a sí mismo, pero lo que mas miedo le daba era que había disfrutado esa sensación de poder.
El sonido de su celular lo sacó de ese pozo, volviéndolo a la realidad. Miró la pantallita y vio un mensaje de su hermana: Salí de la escuela, voy a casa. Retomó su actividad para terminar con el platillo.
Cuando su hermana llegó, ya tenía todo listo. A los pocos minutos, vino la casera del edificio con un paquete para Leonardo. Esto extrañó mucho al joven, pero al ver su aspecto supo de que se trataba. Subió con el objeto a su recamara y ahí lo abrió con cuidado, el contenido se componía de dos sendos fajos de billetes y otro VHS.
Escondió el recado bajo su cama y miró nuevamente el estuche de la guitarra, tenía ganas de tirarlo lejos de no volver a verlo más. Pero no lo hizo, simplemente bajó a almorzar con su hermana y sus amigas.
Sin embargo lo preocupaba el hecho del paquete, eso quería decir que ya sabían sobre su locación. Lo intranquilizaba esto, podían venir por él en cualquier momento y su familia podía correr riesgo.
Las chicas comenzaron a dar vueltas antes de irse. Lucrecia lo miraba sin entender su comportamiento... tendría que haberse sometido a ella sin condiciones y nada de eso había ocurrido. Al contrario, ahora parecía mas confiado de si mismo.
Él le sonrió, mientras se iba a su habitación. Leonardo suspiro y sacó el cassette. Luego lo puso en el reproductor de video y nuevamente apareció la misma oficina de la vez anterior... mismo sujeto, pero nueva misión:
Bien hecho cazador, haz sorprendido y eliminado a tu blanco rápidamente. Tu nuevo blanco es Samuel Ubaldini, es un político corrupto que ya ha estado demasiado tiempo en el poder; su tiempo debe acabar.... Hoy a las 22:00 hrs. En la plaza central te esperara un contacto en el banco del centro, el nombre clave es Serafín.
Leonardo apagó el televisor y sacó el cassette, había una nueva misión... no habría problema en salir a la noche. Sin embargo lo inquietaba este nuevo reto. Iría, al menos podía tener algo de emoción...
Cuando salió de su habitación, encontró la casa desierta... demasiado silencio eso le daba mala espina. Sentía que alguien lo observaba con malas intenciones, era raro sentir algo así. Se encontró con Lucrecia en la sala de estar, la chica se levantó del sofá y lo espero.
Él se paro frente a ella y le preguntó:
- ¿Qué haces aquí? Mi hermana ya se fue.
- Quiero saber... ¿Qué te paso después de lo que hice contigo esa noche?- Preguntó ella.
- Lloré hasta quedarme dormido ahí donde tu me dejaste. Pero a la mañana, cuando me levante me dí cuenta de que no había sido tan malo. Eso me animó a continuar- Respondió él.
- Eso quiere decir que no significo nada para ti- Concluyó ella.

- No, no es eso. Fuiste la primera, pero fui obligado... aún te aprecio, pero no puedo ser nada tuyo- Dijo él con resolución.
- Esta bien, no tengo resentimientos; siempre seré tu primera chica- Dijo ella mientras sonreía.
- Bien, tengo cosas que hacer. ¿Sales?- Pidió él.
- Ok- Le dijo ella llegando a la puerta.
Ambos salieron de la casa, luego tomaron caminos separados. Leonardo fue a la biblioteca para devolver unos libros. Cuando los pudo devolver y miró la hora, eran 21:00 hrs. Salió de allí con su estuche y comenzó a caminar hacia la plaza central, a la espera de su nueva aventura...
En la plaza central a la hora acordada, llegó trayendo su estuche y se sentó en el banco designado. Un hombre de duras facciones apareció frente a él y le preguntó:
- ¿Tu eres el Serafín?

- No, yo busco al Serafín- Respondió él.
- Entonces, lo has encontrado. Sígueme- Dijo el hombre.
Comenzaron a caminar hasta un barrio privado, el hombretón se detuvo un poco antes y le informó:
Nuestro blanco vive en este country, tenemos una cerca y a los guardias. Por los datos que tengo, se encuentra en la tercer casa con su familia. Solo él debe caer. Tengo estas identificaciones para pasar, hagámoslo. A propósito, toma; utilizaremos estas mascaras faciales. Se adaptan al contorno del rostro con facilidad, brindando otra apariencia.
- Bien, que así sea- Dijo el muchacho mientras tiraba por las rejas su arma y se ponía el artilugio.
Ambos entraron al country con el consentimiento del guardia, luego comenzaron a moverse. Leonardo tomó su arma de donde la había tirado y acompaño al sujeto que rió al verlo con semejante cosa. Llegaron a la casa indicada y golpearon la puerta, el hombre habló:
- ¿Esta el señor Ubaldini?
- Si, ¿quien le busca?- Preguntó una voz muy femenina.
- Unos amigos- Respondió el sujeto.
- Que bueno que hayan venido unos amigos de papá- Exclamó la joven entusiasmada mientras abría la puerta.
Una chica de unos diecisiete años los recibió con una sonrisa cautivante, su figura torneada y esbelta era una delicia a los ojos. Los cabellos rubios y sus ojos celestes completaban el cuadro.
El dueño de la casa salió a recibirlos al tiempo que su hija se iba adentro. Le sorprendió por un momento ya que no los recordaba... no tuvo tiempo para decir nada. Un corte lo partió en dos liberando sangre y masa encefálica, mientras ellos echaban a correr. Saltaron la reja y se perdieron entre la hierba del lugar, el blanco cayó.
Los cazadores corrían amparados por la oscura noche, de lejos pudieron oír los gritos de horror que provenían de la casa. Seguramente ya vieron el cadáver de ese corrupto funcionario. El grandote le habló al muchacho:
- El tiempo para hacerlo fue realmente genial, no le diste chance a absolutamente nada realmente eres sorprendente muchacho- Dijo el cazador.
- Gracias, solo hago lo que me piden- Dijo el joven aún sonriendo.
- Tienes talento chico. Nadie maneja un arma así tan rápido- Reconoció el tipo.
- Gracias por el cumplido- Dijo él.
- Ven vamos a festejar- Dijo el sujeto.
Leonardo siguió al hombre hasta un bar oscuro. Luego de tomar varias cervezas vio como el tipo se acercaba a una joven que rodearía la veintena de años y comenzaba a hablarle. La joven sonreía mientras lo miraba a él. Carlos, el cazador con un ademán llamó al joven que se acerco y luego para su sorpresa lo oyó decirle:
- Bien, todo arreglado. Ella acepta que se lo hagamos y por ser tan bien parecido no nos cobrará nada. Vamos, es nuestro festejo amigo- Dijo el sujeto.
- No tengo problemas- Dijo el muchacho, algo apenado.
Salieron del lugar hasta un sucio y oscuro callejón, ahí la joven se quitó las bragas con rapidez y espero por ambos... Carlos se le acerco de inmediato, mientras le arrancaba la ropa con rudeza y comenzaba a besarle y lamerle los pechos. La joven mientras gemía iba desabrochándole el cierre del pantalón y comenzaba a pajearlo con su mano. El cazador tenía un falo enorme y cuando la chica lo sintió entre sus manos no pudo evitar decirle:
- ¿Me vas a meter eso?, es muy grande.
- ¿Tienes miedo?- Inquirió él con un gesto burlón.
- Pues si, es muy grande- Dijo ella.
- Vamos amigo, ven a darle a esta mujer; no te lo pierdas- Dijo el sujeto mientras comenzaba a frotar su miembro contra las nalgas de ella.
El muchacho se acercó y dejó al descubierto su pene, la chica al ver ese mango cabezón no pudo evitar probarlo con sus labios. Él gimió y ella gritó ya que en el descuido Carlos aprovechó a introducirle sin ningún tipo de miramientos su terrible miembro.
El hombre atenazó sus manos a las caderas de la chica mientras comenzaba a bombearla con violencia. Los gritos de la chica se oían por todo el lugar, el hombre miró a su compañero y le dijo:
- Metele tu polla, así se calla esta estúpida.
Leonardo obedeció y le metió aún mas adentro su polla mientras comenzaba a follarla por la boca. Podía ver como las lagrimas comenzaba a caer del rostro de la chica que comenzaba a sentirse ultrajada, utilizada como un muñeco sin voluntad.
Al cabo de un rato los labios de ella mamaban a las mil maravillas, parece que se había adaptado a las dimensiones de la polla de su compañero. Leonardo no pudo soportar más y se corrió dentro de la boca de ella en las convulsiones de su orgasmo.
Aún así, su compañero seguía bombeando a la chica. Cuando dejó a la joven, esta apoyó sus manos contra la pared mientras él seguía perforándola. El culo de ella sangraba, Carlos la había desgarrado y no le importaba. Solo quería correrse y cuando lo sintió la tomó fuerte y la levantó mientras se corria dentro de su ano. Los chorros de semen salieron disparados dentro de la joven que gritó mientras sus jugos vaginales salían hacia fuera.
El joven se acerco a su amigo y le dijo:
- Creo que te pasaste.
- Para nada, yo no tengo la culpa de tenerlo tan grande. Salí así y casi nunca tengo oportunidad de tener sexo y una vez que puedo no lo voy a desaprovechar- Dijo él mientras miraba al muchacho.
Luego tomó a la joven de una mano y sin ceremonias la volvió a ensartar pero esta vez por adelante. El chico se situó detrás de ella y la penetró por el culo, la chica ya estaba desvanecida. Solo la oía reír insanamente pero muy débilmente, mientras era poseída una vez mas.
Cuando ambos se corrieron de nuevo dentro de ella. Llenándola de cálido esperma Carlos la soltó, desganado. Leonardo la sostuvo, mientras la sentaba en el suelo maloliente y movido por la compasión le dejaba dinero en el bolsillo de su saco mientras la cubría con el.
Carlos miraba la escena en silencio, no dijo nada porque notó que el puño del muchacho estaba cerrado. De haber dicho algo, el joven habría reaccionado. Cuando el muchacho termino, caminaron algunas cuadras juntos... el hombretón se sentía incomodo ante el silencio de su acompañante. No podía seguir aguantándolo y entonces le preguntó:
- ¿Y bien? ¿Te gusto el festejo?
El joven lo miró, en esa mirada había odio y desprecio. No fue necesario nada más, el hombre supo perfectamente el sentir del muchacho. Se separaron saludándose y cada uno desapareció en la bruma matinal.
Cuando el joven abrió la puerta de su casa, se encontró con su madre sentada en la mesa del living... había mucho que explicar. Pero ¿podría comprender?, el joven prefirió mentirle antes de decirle una verdad que la lastimaría.

sábado, 23 de mayo de 2009

Capitulo3: Revelación

Un arma revela en un muchacho su verdadera faz. Le muestra su peor faz, pero esta es tan horrenda que el mismo decide no verla. Las revelaciones no son todas placenteras...

Un nuevo día lo sorprendió tirado en el suelo de su habitación, las lágrimas se le habían secado en la cara y su pijama estaba hecho un desastre. Se levantó y caminó directamente hacía el baño y ahí se lavó los dientes y la cara. Su mente comenzó a recordar lo sucedido la noche anterior y ahí se detuvo.

Quiso llorar pero no pudo hacerlo, analizando la situación no había perdido nada y solo fue victima de una chiquilla peligrosa. Se cambió y bajó a comer para irse al instituto, cuando miró la hora se atragantó: eran las siete y media de la mañana.

Salió corriendo de la casa, cerró la puerta con llave y corrió hasta el segundo piso desde ahí se tiró sobre las lonas de la frutería que había abajo y comenzó a correr hacia la estación de subtes. Llegó justo a tiempo para subir al vehículo, comenzó a tranquilizarse ya que en unos minutos estaría cerca del instituto.

Cuando se abrió la puerta eléctrica del subte bajó y comenzó a subir las escaleras hacia fuera, vio el edificio y empezó a correr. Entró al establecimiento y pudo cursar tranquilamente. Al salir de clases, sus amigos aprovechaban para gastarlo; miró el reloj y les dijo:

- Bueno gente me tengo que ir a cocinar.

- Aaaaah pollerudoooo- Le gritaban los otros.

- Que se quejan, yo le tengo que cocinar a una chica linda al menos. A Uds. Les cocina las gorda de su mami, nenitas- Les respondió él.

- Eeeeeh hijo de.... vamos a caerte un día de estos y nos vas a tener que cocinar a todos, mamerto- Dijeron ellos.

- Estaría bueno. Dijo él.

Se tomó el mismo subte de vuelta, no paso nada raro y entró a su casa como cualquier otro día. Nuevamente comenzó a preparar el almuerzo, su hermana estaba por llegar de la clase de gimnasia.

La puerta de la casa se abrió y llegó su hermana toda sudada junto con sus dos amigas, él hizo de cuenta que nada había pasado y las saludó desde la cocina. Mientras le decía a su hermana que se bañara que tenia que ir a la escuela a las 14:30 hrs.

Rápido terminó con la cocina, su hermana se hallaba dándose una ducha y el living estaba desierto. Cuando se puso a plancharle el uniforme sintió que un par de ojos lo observaban, supo al instante quién era.

La piba lo miraba, no sabía si acercarse o alejarse, estaba indecisa. Él siguió planchando, terminó con las prendas de Micaela y acomodándolas en una percha se dió vuelta y comenzó a caminar hacia Lucrecia. La chica no quería mirarlo, sabía de su error y por eso se sorprendió cuándo él le dijo:

- ¿Puedes llevarle esto a Micaela?

- Claro, ya se lo llevo- Respondió ella.

- Gracias- Dijo él.

La chica se fue a alcanzarle las cosas a su amiga, él suspiro aliviado mientras comía y miraba un poco de televisión. La madre de ambos hermanos es una ejecutiva que trabaja todo el día fuera de casa y por eso ve muy poco a sus chicos. Por esa razón, como el mayor se ha tenido que hacer cargo de la casa.

La chica bajó y comió apurada porque ya se le hacía tarde, sus amigas la secundaron y él luego de lavar los platos comenzó a estudiar para sus finales. Cuando volvió a su habitación, cerró la puerta y tomó el estuche.

Lo abrió y volvió a mirar el video para copiar el lugar de encuentro y el nombre clave, estaba decidido a ponerle un poco de emoción a su monótona vida.... la elección estaba hecha, pero aún estaba a tiempo de cambiarla.

La noche llegó y su hermana estaba de vuelta con sus inseparables amigas. Leonardo tomó su estuche y llamando a su hermana le dijo:

- Tengo cosas que hacer, vendré tarde. Cierra todo en la casa, cualquier cosa me avisas al celular. ¿Ok?

- Bien, no te hagas problema hermano- Le dijo la chica.

El joven salió de la casa, la hora acordada se acercaba. Tomó el subte y bajó en una estación poco conocida, comenzó a caminar hacia el lugar de encuentro... unos minutos mas tarde encontró el mencionado bar.

Se trataba de un tugurio de los peores, pero a esa hora se hallaba desierto. Estaba ahí parado sin saber que hacer cuando alguien mas entró al lugar. Era una mujer de pelo negro y de unos ojos muy raros casi grises, su falda negra al igual que su saco le daba una apariencia muy formal. Se quitó los lentes redondos y sonrió mientras los guardaba. Luego dirigiéndose al muchacho le preguntó:

- ¿Buscas al Arcángel?

- ¿Cómo lo sabe?- Preguntó él.

- Porque yo soy el Arcángel, vamos sígueme. Dijo ella.

Siguió a la mujer afuera, sus caderas firmes le hipnotizaban con su movimiento. Ella se dio cuenta y sin girar a verlo le dijo:

- Eres un idiota, pero me gustan los de tu tipo.

Él no supo que decirle y subiéndose al auto de ella se dejó llevar, fueron a un hotel muy lujoso de la cuidad y subieron a la habitación que ella había reservado. Ya en la intimidad de la suite cenaron, mientras ella aprovechaba para presentarse:

- Mi nombre es Eloisa, como tú, también me dedico a cazar blancos.

- Yo me llamo Leonardo, es un placer conocerte- Dijo él con algo de pena.

- Vamos muchacho, me dijeron que eras todo un profesional pero ahora mismo me sabes a novato- Comentó ella, mientras terminaba con su gnocci.

- Es que... soy un novato, siento si te traigo problemas- Dijo él.

- JAJAJAJAJA, para nada no eres problema muchacho; es más... tu eres un bonito problema- Dijo ella mientras le clavaba sus ojos.

- C... creo que es mejor que... me vaya a dormir- Dijo él ya nervioso.

- Vamos, ¿me dirás que ya estas nervioso? Si aún no he hecho nada- Dijo ella en tono sospechoso.

- No, no es eso, solo me sentí incomodo por un momento- Dijo él con pesar.

- Habrá un problema... esta suite solo tiene una cama fíjate por ti mismo- Dijo ella.

Él se asomó a la habitación y en efecto una cama enorme se encontraba ahí, las mullidas almohadas decoradas con el logo del hotel descansaban sobre el respaldo de la misma... Cuando giró a ver, la cara de Eloisa estaba muy cerca de la suya; ella sin vergüenza le robó un beso y lo guió hacia la cama...

Leonardo se sentó en la cama ya en ropa interior y ella parada frente a él iba sacándose una a una las prendas de su vestuario. Él la observaba desde el pie de la cama y ella luego se arrodillo ante el joven y comenzó a succionarle ese pene.

Las manos de ella acariciaban sus huevos mientras con su boca creaba un cierre perfecto para esa polla que ardía dentro de sus labios. Una vez que la dejó dura, Eloisa se tendió en la cama y le pidió que se lo hiciera.

El joven se acostó sobre ella e introdujo su miembro dentro de su cueva de placer. La mujer profirió un gritito mientras se aferraba a la boca de él. Sus lenguas jugaban mientras Leonardo aumentaba la fuerza del bombeo. Ella gritaba y gemía como una posesa, pidiéndole más y mas.

Clavaba sus uñas en la espalda de él y le daba chupones en el cuello, mientras sentía esa tranca dura subir y bajar dentro de ella. Sus pechos quedaron entre las manos de él que no tardo mucho en correrse dentro de Eloisa, llenándola de semen. Ella lo abrazó, impidiéndole salirse de encima; cerró los ojos y lo besó largamente...

El nuevo día los sorprendió a ambos en la cama, Leonardo se levantó primero y fue a ducharse. Eloisa se quedó un poco más y cuando él salió del baño le dijo muy resuelta:

- Vamos, tenemos que acabar con una basura.

- ¿Que arma usas?- Preguntó él.

- Este es mi bebe. Dijo ella- Mientras le mostraba una pistola semi automática Glock de nueve milímetros.

- ¿Y tú que traes? Preguntó la mujer.

- Estem... esto- Dijo él mientras extraía de la funda de su guitarra la espada envainada.

- Wow, chico que arma te has traído. Me dan lastima estos tipos- Dijo ella con sorna.

Ambos bajaron a la cafetería, él llevaba la espada oculta en el saco. Pidieron un café y mientras lo degustaban con unas medialunas él le preguntó:

- ¿Qué haremos si no aparece?

- No tenemos que preocuparnos por eso, mira detrás de mí- Dijo ella.

En efecto, un hombre de tez morena y labios finos con un candado muy tusado se registraba en el hotel. El traje blanco y la camisa floreada no daban lugar a errores, se trataba de Alonzo Salas. Una reducida comitiva de señora y guardias lo seguía, en cuanto subieron al ascensor; ellos terminaron con el café.

Ambos subieron hasta el penthouse en el que se hospedaba el latino, mientras caminaban por el pasillo algo pasaba dentro del muchacho. Sentía que el cuerpo le latía... su mirada cambió de repente, tornándose mas oscura y una sonrisa cruzó su rostro. Miró a su compañera y tomándola de la mano le dijo:

- Déjame a mí, no quiero que te ensucies en esto.

- Bien, como quieras, yo te cubro- Dijo ella asombrada.

- Gracias- Dijo mientras le sonreía.

Acto seguido golpeó la puerta, se escuchó a un hombre preguntar de mala manera:

- ¿Quién es?

- Servicio de habitación, traemos la champaña para los nuevos huéspedes- Mintió el hombre.

El hombretón se dió vuelta y miró a su jefe mientras le preguntaba:

- ¿Los dejo pasar?

- No, despídelos de aquí. Dijo Salas.

Cuando la mole de ébano se acercó a la puerta solo percibió las siguientes palabras:

Mugen ryu battou ken.

La puerta cayó partida en dos de abajo hacía arriba, la cabeza del guardia también fue partida con el mismo corte. Los hombres se sorprendieron ante la brutalidad desarrollada, de entre las maderas y los chorros de sangre vieron como ya aparecía sobre ellos ese muchacho de cabellos oscuros y sonrisa maliciosa.

Pero no vieron como la hoja se movió destajándolos, solo vieron sus propios brazos, orejas y dedos volar desprendidos de sus cuerpos. Gritaron los que pudieron hacerlo antes de caer degollados.

Los charcos de sangre lograron tocar al joven que ya salía de la habitación, sacudió la espada cerca de la cara del guardia limpiando así la hoja del arma. Cuando envainó su temperamento se calmó. Eloisa estaba sorprendida por el cambio tan repentino del joven y solo dijo:

- Eso fue realmente rápido, es increíble el cambio que se produce cuando estas con tu arma.

- Si, el problema es que yo casi no me percato de ello. Dijo él mientras sonreía.


Pagaron la cuenta del hotel y ya en el auto Eloisa lo llevó hasta el punto de encuentro, Leonardo se bajó del auto y ella dándole un beso prometió:

- Si nos volvemos a encontrar otra vez, te enseñare algo bueno.

- Gracias por la noche, Eloisa. Dijo él.

El muchacho comenzó a caminar con el estuche cruzado sobre su espalda, miró el reloj y aceleró el paso; eran las diez de la mañana. Un estudiante universitario había comenzado a adentrarse en el mundo del crimen...

viernes, 15 de mayo de 2009

Capitulo2: Violación

Las pasiones son las espadas que esgrimen las personas, algunos usan y otros las despiertan. Pueden matar, pero no mueren... siempre siguen entre nosotros.

El muchacho volvió a tomar su estuche. Por alguna razón lo sintió inusualmente liviano pero no le importó. Tomó un subte y mientras iba viajando rememoraba lo ocurrido en su cita. Lo avergonzaba tanto que prefirió no recordarlo más. Suspiró mientras veía pasar las estaciones.
Cuando llegó a la última parada, bajó y mientras subía las escaleras comenzó a buscar en su bolsillo la llave de su casa. Penetró en el conjunto de viviendas y subiendo las escaleras llegó a la casa cuarenta.

Entró y se fue directo a su habitación. Era tal su desanimo que ni siquiera se percató de que su hermana estaba con unas amigas. No le importaba, ya en su cuarto tiró el estuche y este no sonó de la forma en que siempre lo hacía.
Eso lo inquietó, se acercó de nuevo y lo abrió. En ese momento halló que no era su guitarra, sino una espada envainada, un VHS y los dos fajos de billetes mas grandes que había visto en su corta vida.

Movido por la curiosidad tomó la espada en sus manos, notó que era liviana. Con sus dos manos hizo fuerza y dejó desnuda una pequeña porción de la hoja... el brillo ante sus ojos parecía hechizarlo de forma irreversible.

Volvió a envainar el arma y su rostro recobró la quietud normal. Tomó el video y lo puso en la vídeo casetera de su dormitorio, en la pantalla nada aparecía... minutos después un despacho emergió claramente en la pantalla y un hombre detrás de un sillón le habló:

- Bien hecho, tu próximo blanco será este hombre: Alonso Salas, traficante de armas en
Ecuador; ahora devenido en narco. Un contacto te estará esperando en la cafetería El Maestro a las 21:00 hrs. Del día de mañana, su nombre clave es Arcángel. Nos veremos nuevamente.

El muchacho quedó sorprendido, mientras miraba la imagen del hombre que aparecía en la pantalla. Ese sería el blanco a alcanzar... ¿Pero iría? Era como un mal sueño, guardó nuevamente las cosas en el estuche y bajó a cenar.

Se encontró con su hermana menor y dos de sus amigas que charlaban profiriendo grititos de histeria. Eran chicas que estaban empezando a ser mujeres. Vestían con prendas ajustadas. Buscando ser como esas hembras que mostraba la televisión y demás medios de comunicación.
No les prestó mucha atención, pero no pudo evitar mirar el noticiero. Ahí hablaban de un reciente asesinato en un hotel. No le dio mucha importancia porque el hambre lo consumía.

No había nada preparado, Micaela estaba muy ocupada con sus amigas como para cocinar. El joven se resignó a cocinar y sacando el delantal del cajón se lo ciñó a la cintura. La cocina era algo así como su cruz.
Una de las chicas comenzó a oír los golpes del cuchillo golpeando contra la tabla de picar. La sartén con aceite esperaba para recibir las cebollas picadas y luego la salsa con especias. En la olla con agua, aceite y sal los fideos se cocinaban lentamente...

Él no lo notó por lo atareado que estaba, pero Lucrecia lo observaba desde la esquina de la mesada. La chica se acercó en silencio, mientras las otras dos observaban desde el sofá. El muchacho sintió una mano posarse sobre su hombro. Cuando giró la cabeza para mirar quién era; entonces ocurrió.
Los labios de él chocaron y fueron devorados por los de Lucrecia. Ella lo tomó por unos momentos de la cara. Esto lo sorprendió mucho y busco separarse. Pero la chica le mordió los labios mientras sonreía.

Él no supo que decir, solo se puso colorado y siguió con su labor. Mil cosas corrían por su mente. Además, su corazón se había desbocado un poco con ese beso. Por un momento casi se le cayó la sartén. Las chicas rieron un poco; era obvio que ese beso lo conmovió.
Se sintió aún mas apenado por la situación pero con todo pudo terminar de cocinar. Las chicas ayudaron poniendo los platos. Los fideos con salsa estaban presentados en una fuente y los cubiertos para servir se hallaban a un lado.

- Vamos Leonardo, siéntate a la mesa con nosotras- Dijo su hermana.

- Bien, ahora ¿les sirvo o se sirven solas?- Preguntó él.

- Nos serviremos solas, precioso- Le dijo Lucrecia mientras le guiñaba un ojo.

Las vio servirse, mientras él ponía queso sobre el platillo para degustarlo. Era obvio que habían crecido más de lo que había pensado esas chiquillas. Se dio cuenta de su pensamiento lascivo y trató abandonarlo de una buena vez.

Comió tranquilamente, el plato estaba delicioso. La sensación de un pie rozando suavemente sus muslos lo sobresalto, quiso saber quien era la responsable y ahí sus ojos se encontraron con unas pupilas color caramelo que lo miraban con fijeza.

Los labios carmesí eran humedecidos por la lengua de la chica que le sonreía sin que las otras se percataran. Terminó de devorar la comida en el plato y presuroso se levantó de la mesa y le pidió a su hermana que lavara los platos.

- ¿Qué ocurre hermano?- Preguntó Micaela.

- Nada, solo me siento algo cansado- Respondió el chico.

- Bueno, nosotras vamos a salir en un rato más- Comentó ella.

- Esta bien, pero mañana tienes que ir a la escuela. Mamá seguro llega tarde hoy, pero
estate antes- Pidió él.

- Si, hermano- Respondió ella con algo de arrogancia.

Corrió hasta la escalera y la subió al trote, se metió en su cuarto; tomó su pijama y se introdujo en el baño. Tardó unos minutos y oyó la puerta de la entrada que se cerraba, suspiró al saberse solo y saliendo se fue a su habitación.

Al abrir la puerta encontró su cuarto ya a oscuras. A tientas se metió en su cama y ya mas tranquilo pudo sentir algo raro... alguien estaba ahí. Algo cayó sobre él, abrazándolo; por el olor supo que se trataba de una chica.

- ¿Q...quién? ¿Qué pasa?- Preguntó el chico asustado.

- Sssssh, tranquilo que no te pasara nada malo, precioso.

Esa voz lo sorprendió aún mas, ¿qué hacía ella ahí? Si... como ya habrás podido percatarte se trataba de Lucrecia. La chica riendo un momento le habló:

- Le dije a tu hermana que estaba descompuesta y que por eso esperaría a que volviera,
tenemos un rato a solas.

- ¿¿QUE??- Chilló él, incrédulo.

- Vamos, ¿vas a decirme que nunca has tenido relaciones con una chica?- Preguntó ella.

- Para ser sincero no, nunca me he acostado con una mujer- Contestó él, intentando disuadirla.

- Bien, entonces yo seré quien te desvirgue- Dijo ella.

Él se quiso zafar de la chica pero no pudo. Ella lo aferró aún más hasta que cedió y así levantándose la falda se quitó las bragas. Luego se acerco al chico que buscó a tientas la puerta, ella lo tiró al piso.
Leonardo buscó sacársela de encima pero todo forcejeo cesó cuando sintió la punta de una sevillana en su frente, una gota de sangre brotó de la minúscula herida. La chica le habló en un tono muy serio y firme:

- He esperado tres años por esta oportunidad y no la dejaré pasar por tu tozudez. Te
conviene cooperar porque si no eres mío no serás de nadie.

Los ojos de él estaban grandes del terror. El sudor y la adrenalina recorrían su cuerpo ante esa situación. Ella le quitó el pantalón y el slip dejando libre ese gordo miembro. La chica se agachó y tomándole del pene comenzó a pajearlo hasta dejarlo realmente duro. Luego, mientras se posicionaba encima de él le dijo.

- Ahora, voy a darte mi culo quiero sentir tu lindo pene dentro mío.

Lentamente ese falo gordo y amoratado fue abriéndose paso dentro del ano de la chica que intentaba aguantar el dolor inicial aferrándose fuertemente a los hombros de Leonardo. El pene estaba apretado dentro de ese culito redondo, prieto y virgen. Un suspiro se oyó y ella comenzó a cabalgar al joven que jadeaba de placer.

No podía sacársela de encima, la fría punta de la hoja la sentía ahora sobre su cuello. No iba a arriesgarse tanto. Ella seguía con ese movimiento cadente que la hacia gozar tanto y que casi le hizo perder la cabeza. Esa estaca palpitante no se reblandecía ante el calor volcánico de su cueva; ella aumentó el ritmo.

No podía mas, el muchacho terminó por arriesgarse y buscando los hombros de ella intentó sacársela de encima. Un pequeño corte sobre su deltoides lo disuadió, un poco de sangre manó de la herida.

Ella siguió con los descensos mientras le lamía la sangre del hombro manteniéndolo prisionero. Lo abrazó con fuerza mientras aumentaba más la velocidad. Estaba a punto de llegar al clímax... la sevillana estaba contra el hueco de su tercer costilla.

Los líquidos de su vagina comenzaron a salir en forma descontrolada mientras sentía como ese esperma brotaba como si de una explosión se tratara. Ese viscoso, caliente y espeso semen la llenó; satisfaciéndola.

Lucrecia tenía toda la ropa traspirada y él estaba bañado en sudor, ella se levantó con trabajo de encima de las caderas de él. Su agujero dilatado le dolía un poco pero estaba feliz de haber tomado a ese hombre que tanto le gustaba.

Tomó sus bragas y volvió a ponérselas, él no se levantaba del suelo todavía. Estaba confundido por todo lo ocurrido. La chica se le acercó y agachándose sobre él le susurró al oído mientras le daba un beso:

Fue realmente grandioso, Leonardo... te quiero, bombón.

Él no respondió, unas lágrimas comenzaron a bajar de sus ojos mientras veía como esa chica se iba de su habitación. La sensación de desprotección que lo embargaba lo hacía llorar, sentía que había perdido algo; le habían sacado una parte de si mismo. Finalmente se durmió...

lunes, 11 de mayo de 2009

Mugen

Nota: Este relato puede herir sensibilidades. El contenido cruel y despiadado que tiene esta obra, puede no gustarles. Bueno, ya estan avisados.

Capitulo 1: Encuentro

Hay cosas que es mejor nunca encontrar, mejor no ahondar en cosas que por algo están ocultas. La oscuridad puede ser tentadora, el poder puede nublarnos pero la ultima parada es la misma...

- Aaaaaaaah aaaah si si mas- Gritaba la mujer.

- ¿Así te gusta perra?- Preguntaba el mafioso mientras embestía cada vez más fuerte a la golfa.

- SIIIIII SIIIIII SIIIIIIIIIIIII- Gritaba al saber que estaba a punto de correrse.

- Déjame... acabar dentro tuyooooo. Grito él mientras se corría.

Los sendos chorros de caliente y viscoso semen salieron a presión llenando el trasero de la joven que gemía a mas no poder. Un brillo surco el aire y el líder de la mafia cayó sobre la muchacha.

- ¿Ay cariño que te ocurre, ya tan cariñoso?- Inquirió ella.

No hubo contestación, el cadáver no le iba a responder. Cuando vió la sangre manchando las sabanas satinadas de la cama se dió cuenta. Gritó un momento, sacándose el cuerpo de encima y ahí se percató de su presencia.
La espada estaba recargada sobre su hombro, el sujeto le sonrió irónicamente. Sabía cual era su destino, entonces le habló:

- Ven aquí mujer, hazme acabar y puede que salves tu vida.

La chica apenas salía de su shock, las cosas ocurrían de rápidamente y de una forma muy descarnada. Su pulso se había descontrolado ante la muerte de su amante y ante la posibilidad de morir. Pero el morbo pudo más..

Ella se arrodilló ante él y bajándole el cierre del pantalón dejó libre su grueso miembro. Comenzó a lamerlo con delicadeza en el glande, mientras él no le quitaba los ojos de encima. Con su aliento caliente le daba una sensación excitante sin llegar a introducírselo en la boca. Lameteó todo el tronco y lo engulló por completo, para sacarlo unos segundos después y volver a lamer su punta.

Las manos del sujeto seguían de la misma manera, ella siguió mamando esa tranca dura como el granito que creció un poco más dentro de sus labios. El hombre sonrió y tomando la cabeza de la chica con su mano libre se corrió con fuerza dentro de su boca. En ese glorioso momento, oyó a los secuaces del mafioso que preguntaron:

- ¿Esta todo bien ahí?, abran la puerta ya el tiempo termino.

- Lo siento, no has tenido suerte mujer- Dijo el hombre mientras se separaba de la chica.

Un corte y la cabeza de la feladora cayó separada de su cuerpo a unos metros. El sujeto levantó el cierre de su pantalón y desapareció por la ventana del edificio, mientras el cuerpo sangrante liberaba sus chorros de sangre, regando toda la habitación....

No lejos de ahí, un muchacho volvía acongojado de su cita a ciegas. Había sido un completo desastre y la chica lo rechazó rotundamente. La idea de interpretarle una canción fue pésima.
Quizás fue por eso que no vió al sujeto que venia corriendo sin mirar, se tropezaron los dos y los estuches cayeron. El muchacho miró al hombre y le pidió disculpas, el sujeto
le sonrió y tomando su estuche siguió su camino.